
Interpreta: La legendaria Jacqueline Du Pré (descance en Paz)
Edward Elgar es reconocido quizás como uno de los más importantes compositores ingleses, sus obras son frecuente referencia de las salas de concierto mundiales y también nos lo recuerda en casi toda ceremonia inglesa importante, sus marchas e himnos de combate son la estampa de la Nación de la Rosa. Durante su vida, a partir de la irrupción de sus celebres Variaciones Enigma en 1899, fue un ícono de la música inglesa, habiendo recibido casi todos los honores existentes, incluyendo para siempre la denominación de Real Caballero del Reino Inglés con la Máxima Orden de la Cruz (su nombre oficial fue 'Sir Edward Elgar Bt OM GCVO'), ello sumado a Doctorados de prestigiosas Universidades y afiliación vitalicia a las principales Academias de Música Europeas. Es notable comentar que en ese mismo año (1899), Elgar se caso con el amor de su vida, Caroline Alice Roberts, ocho años mayor que el, aún en contra de toda su familia. En este contexto de honores y reconocimientos, veinte años después, a principios de 1918 Edward Elgar se encontró en una etapa difícil de su vida, a sus 61 años enfrentaba una complicada operación quirúrgica, adicionalmente su esposa también tenia problemas recurrentes de salud. En contraste, su fama como compositor y conductor de orquesta había empezado a declinar en Inglaterra y Europa. Cuentan sus biógrafos, que inmediatamente al despertar de su operación, prestamente pidió que le alcanzaran lápiz y papel pautado y escribió la melodía musical que sería el tema principal del que posteriormente sería su Concierto para Cello y Orquesta. La reflexión interna sobre la vida y la muerte consumió la mayor parte de sus fuerzas creativas en la ultima etapa de su vida, siendo que su producción a partir de 1919 disminuyó drásticamente y en general sus obras adquirieron un tono reflexivo y sombrío, esto en notable contraste con el Elgar de sus primeros años, caracterizado por ser un compositor de alegría y de espíritu positivo, que siempre buscaba en la naturaleza la inspiración a sus obras (“Los árboles cantan mi música, o será que yo canto la música de los árboles”, anoto en la primera pagina de su Segunda Sinfonía). Luego de su operación, y con el objetivo de recuperarse y de rodear a su esposa Alice de un ambiente más sano, se refugió en su casa de campo en la costa sur de Inglaterra. En las noches, Elgar frecuentemente recordaba los horrores de la Primera Guerra, de la cual que fue testigo desde su casa de campo, la cual podía divisar al otro lado del Canal de la Mancha en las costas de Francia. En ese ambiente, con su propia sensibilidad hacia la muerte, empezó a ver desvanecerse la salud de su amada esposa Alice.
Todos estos sentimientos poco a poco empezó a vaciarlos en lo que fue quizás su ultima obra maestra, su Concierto para Cello y Orquesta, la cual en palabras de su biógrafo Ian Parrott lo definió perfectamente como “una obra aparte, por un hombre solitario viviendo en un momento de crisis personal en el cual sus criterios artisticos habían sido alterados irreversiblemente”. La premiere de la obra fue encomendada al cellista Felix Salmond con la Sinfónica de Londres dirigida por el compositor el 27 de octubre de 1919. No fue la más feliz de las interpretaciones, dado que por diferencias de método y opinión entre Elgar y el conductor principal de la orquesta Albert Coates, no lograron convenir los ensayos necesarios para realizar el concierto. El resultado fue una orquesta pobremente ensayada que no brindó la mejor de las interpretaciones, con el consiguiente impacto en las críticas y tibia recepción de la obra. Sin embargo, luego de esta no tan afortunada interpretación, la obra recibió altas apreciaciones de varios solistas, quienes la incluyeron en su repertorio, como fue el caso de los celebres Pablo Casals, Paul Tortelier, Pierre Fournier y Antonio Pini lograron grandes interpretaciones y grabaciones, a las cuales se sumo la grabación que hizo el propio Elgar en 1928 con la cellista galesa Beatrice Harrison.
La estructura de la obra no es convencional, esta dividida en cuatro movimientos. El primero de ellos, empieza con un lamento profundo del cello el cual es recogido por la orquesta usando el célebre tema que le vino a inspiración inmediatamente después su delicada operación de 1918 mencionada anteriormente. Ese tema luego trasciende a una melodía lamentosa y resignada que conduce a una parte central suave y lírica que desemboca en un clímax en el cual el tema principal es reexpuesto con mucha intensidad. Luego de este momento, el segundo movimiento comienza sin pausa como una melodía juguetona y alegre en forma de scherzo, aunque sin la típica estructura tripartita. El tercer movimiento es un contraste lírico en el cual se da un flujo constante sobre la base de una melodía dulce y nostálgica en Si bemol mayor, la cual conduce sin pausa hacia una contrastante apertura del cuarto movimiento en Si bemol menor. Este contraste es intencionado y conduce hacia un tema reposado, pero que expresa inquietud y desesperanza a través de rápidos cambios en tonalidad. La sección central del movimiento alterna dos secciones lentas y suaves con una reexposición del tema inicial del cuatro movimiento el cual conduce hacia un desvanecimiento pausado y sublime que anticipa la reexposición del tema inicial del primer movimiento, el cual conduce al clímax final de la obra.
La obra demanda del intérprete mucho lirismo, sensibilidad, pero sobre todo, de una fuerza intelectual que permita asumir el dramatismo de la pieza. A lo largo de la historia, la obra tuvo geniales interpretaciones, pero quizás ninguna de la calidad y fuerza que la que grabo en 1965 la cellista inglesa Jackeline Du Pre. Esta grabación ha sido acogida como la interpretación definitiva, por encima de las lecturas de Casals, Rostropovich (quien al escuchar esta grabación, decidió retirarla de su repertorio) y Yo-Yo Ma. Una grabación de Yehudi Mehuhin como director y el cellista Julian Lloyd Webber recibió en 1987 el Brit Award como la mejor grabación de dicho año.
Jackeline Du Pré fue en si misma una figura trágica, un talento notable que fue truncado en la plenitud de sus poderes creativos antes de cumplir 26 años a partir de 1971, año en el que empezó a sentir los devastadores efectos de una esclerosis múltiple (una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que le provocaba ausencia de sensibilidad en sus manos).
La célebre grabación de Du Pré del Concierto de Elgar de 1965 tuvo como precedentes, una exitosa gira de conciertos con Sir John Barbirolli y la adquisición, en diciembre de 1964, del instrumento que marco su vida: su Stradivarius Davidoff (nombrado así en honor del célebre cellista ruso del Siglo XIX). La grabación realizada en agosto de 1965 (Du Pré tenia solo veinte años) causó tanto impacto, que todos los músicos de la orquesta estaban en estado de shock, mesmerizados por la magia de Du Pré. El primer violinista de la Sinfónica de Londres, Hugh Maguire, escribió en sus memorias “he visto centenares de solistas, pero ninguno causó el impacto que Jackeline Du Pré tuvo en toda la orquesta ese día, cuando yo la vi tocar la obra y separado de ella a menos de un metro de distancia, estaba TOTALMENTE (la cita en mayúsculas es textual) noqueado. La sensación fue tan hermosa, tan inspirada, tan mágica, que sencillamente no pude decirle nada a ella. No existían palabras para describir ese momento”. En las grabaciones, se dio un pequeño receso para almorzar, y al regreso para las sesiones de la tarde, se había formado una multitud de espectadores en Abbey Road (los estudios EMI) y hubo que interrumpir las sesiones para calmar la enorme expectación del improvisado auditorio. Ese disco, es, aun en estos días, el disco de música clásica mas vendido del sello EMI en toda su historia.
Después de esta maravillosa descripción lo único que agregaré es que este conciento me dejo sin aliento, les encantará, ENJOY!!!